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Resumen: El presente trabajo de investigación tiene como objetivo implementar la danza como
estrategia pedagógica para potenciar la corporeidad de los estudiantes del grado quinto C de la
Institución Educativa Colegio Agustina Ferro, sede principal, en la ciudad de Ocaña, Norte de
Santander. La problemática surge de la poca relevancia que en la escuela se otorga al desarrollo
integral del cuerpo, limitado en muchos casos a actividades físicas o deportivas que no permiten
a los niños reconocerse como seres completos con dimensiones físicas, emocionales, cognitivas y
sociales que deben articularse de manera armónica. En este sentido, la corporeidad se concibe no
solo como una condición biológica, sino como un proceso complejo que involucra el hacer,
sentir, pensar y querer, y que en el contexto educativo actual requiere ser fortalecido mediante
estrategias innovadoras.
El diagnóstico inicial evidenció que los estudiantes presentan limitaciones en la
coordinación motriz, la expresión corporal y el reconocimiento de su propio cuerpo como medio
de comunicación y aprendizaje, lo que afecta su rendimiento académico, su autoestima y sus
relaciones sociales. Frente a ello, la danza se plantea como un recurso pedagógico transformador,
pues combina movimiento, ritmo, arte y cultura, favoreciendo la exploración de nuevas formas
de expresión, la interacción con los pares y la construcción de aprendizajes significativos.
La investigación se desarrolló bajo un enfoque cualitativo y fenomenológico, que
permitió comprender la realidad de los estudiantes desde sus vivencias corporales y su
interacción en el aula. Se aplicaron técnicas como observación directa, entrevistas
semiestructuradas y talleres de danza diseñados para trabajar la motricidad, la expresión de
emociones, la conciencia corporal y el fortalecimiento de la identidad individual y colectiva. La
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población estuvo conformada por 30 estudiantes de quinto C, quienes participaron activamente
en un ambiente de aprendizaje dinámico e inclusivo.
Los resultados muestran que la danza contribuyó de manera significativa al desarrollo de
la corporeidad. Los estudiantes alcanzaron mayor seguridad en sus movimientos, mejor
coordinación y postura, así como una mejor capacidad para expresar emociones a través del
lenguaje no verbal. También se evidenció un fortalecimiento de la autoestima, una actitud más
positiva frente al aprendizaje y un incremento en las habilidades de trabajo en equipo y respeto
hacia los demás. Los docentes reconocieron la importancia de integrar estas prácticas al
currículo, ya que aportan no solo al desarrollo físico, sino también a la formación integral.
En conclusión, la danza se consolida como una estrategia pedagógica innovadora y
efectiva, capaz de articular lo físico, lo emocional, lo social y lo cognitivo en el proceso de
enseñanza-aprendizaje. Su implementación favorece la formación de estudiantes críticos,
creativos y sensibles, capaces de relacionarse de manera más armónica consigo mismos y con los
demás. Esta propuesta se constituye en una alternativa replicable en otros contextos escolares y
en un aporte al fortalecimiento de la educación integral. |